Primera parada: la garganta del diablo... Sin duda una de las imagenes más impactantes que haya visto nunca... Te bajas del trenecito y empiezas a caminar por un senderito, cruzas un puente, otro senderito y comienzas a escuchar un estruendo mucho antes de ver nada, y de repente, aparece... La mezcla del ruido ensordecedor, la visión de la fuerza de tal cantidad de agua y la sensación de empaparte por completo con solo acercarte un poco, es indescriptible... Imposible que no se te quede cara de alucinado, escuchas la palabra impresionante en todos los idiomas, la gente mira el salto de agua y luego se miran entre ellos alucinados, y nosotros no pudimos evitar hacer lo mismo... Las fotos desde luego no le hacen justicia, porque es imposible captar la sensación de estar allí...
Después de eso ya estás en estado de shock, y el resto del día y de todo lo que te queda por ver transcurre en ese estado. Hay dos circuitos de pasarelas para contemplar las cataratas desde casi todos los angulos: el circuito superior que te permite verlas desde arriba, desde donde nacen, con una vista desde lo alto de la espectacular caída. El circuito inferior es quizá más impresionante, aunque se ve peor, se sienten mejor, el ruido desde abajo es más intenso aún, y hay miradores desde los que te acercas tanto que acabas calandote hasta los huesos.
Durante los paseos, a parte de ver agua, mucha agua, vas disfrutando del paisaje, la vegetacion allí es una pasada, es como estar en plena selva, viendo coatís, mariposas, lagartos,...
He de decir que a estas alturas, debido al supertrecking en el Chaltén, a los superpaseos por Buenos Aires y al superviaje en coche, mi rodilla izquierda estaba destrozada, así que andaba medio coja y medio dopada. A pesar de eso, después de comer una hamburguesa en el chiringuito para turistas de turno, decidimos hacer algo que no hace casi nadie en su visita a cataratas: El sendero Macuco, un recorrido de unos 7 kilometros apartado de la zona mas turistica para disfrutar de un recorrido por la selva. La espesura del ambiente no dejaba ver practicamente nada mas que los arboles, pero la variedad de sonidos de los animales y el agua merecio la pena. El tiempo estimado del recorrido era de tres horas, pero como no empezo a llover a mitad de camino de vuelta, asi que tuvimos que meter el turbo y lo hicimos en menos de dos horas... Creo que después de este viaje me van a dar el premio a la urbanita más aventurera del año!
La vuelta a la zona de entrada del parque bajo la lluvia, por el camino embarrado (pero esta vez sin botas de trecking, ni capa de agua ni na de na) con los turistas mirandonos desde el trenecito con cara de "estan locos..." Parada para sentarnos y descansar disfrutando del espectaculo del diluvio en las cataras, viendo correr a todo el mundo calado hacia los autobuses y los coches, esperando que amainase se fue la luz en todo el parque...
Vuelta a casa, salimos a cenar y dar una vueltecita por el pueblo de Iguazu, realmente feo, de esos sitios hechos por y para los turistas, sabiendo que da un poco igual todo porque las protagonistas alli son Las Cataratas.
Al día siguiente tocaba pasar la aduana para entrar en Brasil y ver las cataratas desde el lado brasilero. Impresiona igualmente, la diferencia es que estás mucho más lejos de los saltos de agua, y eso te permite tener una visión más completa y panorámica del asunto. El parque es más pequeño, y el recorrido por las pasarelas es más corto, pero las fotos son mucho mejores... Creo que es la única forma de contemplarlas enteras y con calma, y también merece la pena, aunque me quedo con las sensaciones del lado argentino...
Tras una vueltecita por Foz de Iguazu, decidimos volver a nuestra querida Argentina, (de nuevo aduanas y sellos varios)y como no sabemos estarnos quietos y dormir la siesta como todo el mundo, agarramos al rumbero (nombre con el que he bautizado al coche del Flaco) y nos fuimos a Comandante Andresito, a un pueblito a una hora de Iguazu, para tomar algo y volvernos a cenar de Iguazu. Fuimos a un lugar de asados de "tenedor libre" (version argentina de buffet libre de carnaza: come toda la carne que entre hasta que quieras morir) Y vuelta a la cabañita a dormir para salir al día suguiente tempranito y emprender el camino de regreso a Buenos Aires.

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